La literatura renacentista se desarrolló en torno al
humanismo, la nueva teoría que destacaba el papel primordial del ser humano
sobre cualquier otra consideración, especialmente la religiosa. En esta época
el mundo de las letras recibió un gran impulso con la invención de la imprenta
por Gutenberg, hecho que propició el acceso a la literatura por un público más
mayoritario. Ello conllevó a una mayor preocupación por la ortografía y la
lingüística, surgiendo los primeros sistemas de gramática en lenguas vernáculas
(como la española de Elio Antonio de Nebrija) y apareciendo las primeras
academias de lenguas nacionales.89 Es por
ello que muy posiblemente, la participación de filólogos en la época fue de gran ayuda y necesidad
para el estudio, análisis y
comprensión de textos antiguos
(principalmente clásicos)
durante el siglo xv hasta el siglo xvi.
La nueva literatura se inspiró como el arte en la tradición
clásica grecolatina, aunque también recibió una gran influencia de la filosofía
neoplatónica desarrollada contemporáneamente en Italia. Por otro lado, refleja
el nuevo ideal de hombre renacentista, que se ejemplifica en la figura del
«cortesano» definida por Baldassare Castiglione: debía de dominar las armas y
las letras por igual, y tener «buena gracia» o naturalidad sin artificio. En su
naturaleza, la esencia renacentista nace en Italia, es en este territorio en
donde nace un pensamiento basado en la dignidad y libertad humana, en la que
claro está, un pensamiento liberal basado en la crítica educativa, fomentando
un ideal meramente formativo. Un movimiento que al igual que la Paideia
clásica, fomentara principios y valores semejantes. El humanismo, con sus
valores clarificadores sobre el valor y esencia humana, viene también a
profundizar y recrear la importancia y necesidad de comprender los textos
clásicos, limpiándolos de toda mancha de corrupción o manipulación intencional,
o bien de la simple malinterpretación literal o literaria. De esta manera, y
con estos principios, surge una sociedad laboral y académica, misma que es
satisfecha con labor filológica. De manera que en el Renacimiento Occidental
del siglo xv y del mismo Humanismo Italiano, el que le da vivacidad y
seguimiento al estudio crítico de la cultura griega. Es, por ende, que el paso
de la cultura Helenística a Italia fue un proceso enriquecedor tanto en la
enseñanza y copiado de textos y manuscritos antiguos como también el
aprendizaje de las lenguas latín y griego y la misma recolección de textos
esparcidos alrededor del territorio. Muchos de estas personas preocupadas por
la difusión de la literatura helénica fueron Planudes, Moscópulo, Magister y
Demetrio Triclinio. Lorenzo Valla y sus emendationes en la traducción marcaron
un antes y un después al entendimiento Heródoto y Tucidides. Erasmo de
Rotterdam, también reconocido como uno de los mejores críticos textuales de la
era moderna, analizó las Sagradas Escrituras y los textos clásicos por su
puesto, de modo que publicó traducciones de Aristóteles, Demócrito y Juan
Crisóstomo.
Con el paso del tiempo la importancia de la actividad crítica
textos grecolatinos va incrementando. Su importancia se puede asociar con la
necesidad de entender de aspectos históricos, ciencias naturales, geografía,
astronomía, y muchos más. De manera que la labor filológica tiene auge y una
importancia sinigual. A pesar de la intervención eclesiástica, haciendo mención
sobre aquellos que corrigen o trabajan con textos no religiosos, cometen
herejía y pecado.

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